Historia de MSF

Historia de MSF

Fundación y Espí­ritu de los MSF

La comunidad religiosa de los Misioneros de la Sagrada Familia fue fundada por el sacerdote francés  Jean Berthier.  En su época mucha gente todavía no había escuchado hablar de Cristo. Él quiso aportar muchos misioneros a la Iglesia y por este motivo fundó la Congregación en el año 1895.

  Las Constituciones de los Misioneros de la Sagrada Familia obliga a todos los miembros a un tríplice carisma. El primer carisma es: Todos los miembros son misioneros y tienen que dirigirse hacia todos los que están lejanos, “hacia todos aquellos que el Señor, nuestro Dios, quiera llamar” (Hechos 2,39). Misioneros enviados para hombres que están alejados, es un campo misionero muy amplio.

La gente alejada puede ser desde el punto de vista de la fe como también quienes viven en otros continentes, o quienes viven en los mismos países pero están alejados de la fe de Dios. Cada provincia tiene el compromiso de definir la tarea misionera para sus miembros.

   El segundo carisma de la Congregación es la pastoral de las vocaciones eclesiales. Ésta es una solicitud urgente de la Iglesia, ya que faltan en casi todas partes vocaciones espirituales. En algunas partes del mundo esta falta se presenta en forma dramática. Pero los Misioneros de la Sagrada Familia no buscan sólo candidatos para el servicio eclesial. Las Constituciones dicen a los miembros que tienen que dar también una atención especial pastoral y humana a los que ya trabajan en la Iglesia.

   El tercer carisma de la Congregación es el empeño en la pastoral de las familias. Con este mandato los Misioneros de la Sagrada Familia siguen ya sea las propias Constituciones cuanto el urgente pedido del Papa Juan Pablo II a nuestra Comunidad en el año 1995. 

   Para la misión en nuestro tiempo, para la pastoral de las vocaciones espirituales, y para la pastoral de las familias nosotros encontramos orientación en las personas santas de Jesús, María y José. Ellos nos conducen al misterio de la encarnación de Jesús. El Padre envió a su Hijo al mundo para llevar a todos los hombres de buena voluntad a la gran familia de su Padre Celeste. La meditación de la encarnación de Jesucristo y su larga vida escondida en Nazaret son una fuente de fuerza para nosotros, los Misioneros de la Sagrada Familia.